11 de abril de 2020

DIARIO DEL AÑO DE LA PESTE

ENTREGA 11/04/2020

No necesito decir que estas ordenanzas sólo regían dentro de la jurisdicción del Lord Mayor; hay que señalar, por lo tanto, que los jueces de paz de otras parroquias -los villorrios y suburbios, como eran llamados- adoptaron idénticas medidas. Por lo que recuerdo, las órdenes de clausurar casas no aparecieron tan pronto de nuestro lado porque la epidemia no llegó a estos barrios orientales de la ciudad,' por lo menos, no comenzó a mostrarse muy violenta, hasta principios de agosto. Por ejemplo, aunque la lista general declaró 1761 muertos entre el 11 y el 18 de julio, sólo murieron apestadas 71 personas en el conjunto de parroquias que llamamos Tower Hamlets; la cosa fue así:

La semana siguiente y hasta el 1 de agosto
Aldgate 14 34 65
Stepney 83 58 76
Whitechapel 21 48 79
St Catherin, Tower 2 4 4
Trinity, Minories l 1 4

La verdad es que la peste avanzaba con todas sus fuerzas, porque esa misma semana los entierros en las parroquias vecinas fueros éstos:

La semana siguiente y hasta el 1 de agosto
St Leonard's, Shoreditch 64 84 110
St Botolph's, Bishopsgate 65 105 116
St Gile's, Cripplegate 213 421 554

La clausura de casas fue considerada en un primer momento una medida muy cruel y anticristiana, y la pobre gente así recluida se lamentaba amargamente. Todos los días se elevaban a mi Lord Mayor quejas por la severidad de la medida y por casas injustamente cerradas (y según algunos maliciosamente). De esto no sé qué decir. Pero las investigaciones demostraron que muchos que tan amargamente se quejaban merecían continuar encerrados.
Es cierto que el cierre de las puertas y el establecimiento de un vigilante noche y día para evitar que alguien saliera o entrara, cuando tal vez la gente sana de la familia hubiera podido salvarse separándose del enfermo, parecía muy duro y cruel, y que muchos murieron en este confinamiento miserable, lo que -es razonable pensarlo- podría no haber sucedido si hubieran gozado de libertad, aun cuando la casa estuviera contaminada. Al principio la gente clamó y se agitó con referencia a este punto, y hasta se llegaron a cometer algunas violencias: varios vigilantes fueron heridos, y hubo quienes se liberaron por la fuerza, como contaré más adelante.
Pero se trataba del bien público, que justifica el daño particular, y en esa época ninguna petición a los magistrados o al gobierno obtenía la menor mitigación de la pena, al menos que yo sepa. Esto llevó a la gente a inventar todo tipo de estratagema para evadirse de las casas clausuradas, y llenaría un pequeño volumen registrar las mañas empleadas para velar los ojos de los guardias, para engañarlos y para escapar, mañas de las que surgieron frecuentes reyertas y algún daño.